2035 - CARGADORES DE VIDAS

Dios te quiere maduro... no niño.

Juan 1.12
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios".

Hebreos 2.10
"Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos"

¿Has pensado en la clase de hijo de Dios que eres? Prohibido molestarse. En Juan, la palabra hijos es “teknós” que significa "bebés o hijos pequeños". En el libro de Hebreos, hijos es “huiós” referido a "hijos mayores o maduros". Es como si el ex hijo del trueno Juan dijera: "...les dio potestad de ser hechos niños de Dios", y el escritor de Hebreos señalara: "...habiendo de llevar muchos hijos maduros a la gloria..." Ambos hablaban de hijos, pero de hijos super polares.

Juan desde su retina espiritual se refiere al momento en que fuiste hecho una nueva criatura por Dios, al nacer como bebé en Cristo, mientras el autor de Hebreos, desquicia a los cómodos de las bancas calientes de la iglesia al referirse a un hijo maduro que ha crecido en la fe con el paso del tiempo.

Cuando un niño judío cumplía los trece años de edad, le llegaba el Bar-Mitzvá con todo su andamiaje. Una ceremonia en que el padre lo presentaba oficialmente como hombre hecho y derecho ante sus familiares y amigos. Ese día lo fechaba con plenos derechos de herencia y responsabilidades en casa. En griego, esa ceremonia se llama huiothesía, que se traduce como "filiación".

La psicología de un niño es terriblemente divertida y dictadora. Según su cálculo infantil, el mundo gira alrededor suyo. Centra todas las cosas en sí mismo. La inmadurez es su marca, tanto que en su diminuta cabecita el organigrama familiar inicia con él como cabeza de serie y los demás como subditos suyos. En el sistema planetario solar, él es el sol y el resto, los planetas y satélites. El mundo gira en torno suyo. Se siente emperador desde su mundo de juguetes, engreimientos, travesuras y pataletas.

Al otro lado de la vereda, está el hijo maduro con sus responsabilidades, consignas y objetivos bien puestos. Él sabe que tiene una casa, una iglesia y un trabajo. Y en todos ellos, no falta a sus deberes. Es maduro no sólo porque sabe cuidarse bien sino también porque es capaz de cuidar de otros, a pura voluntad y sin que se lo tengan que repetir. Sus hermanos menores están a salvo, así no esté papá.

En la familia de Dios, los hijos maduros se ponen encima a la Iglesia. Asumen las cargas y debilidades de los pequeños. Se preocupan y hasta sufren con ellos, porque reconocen que la voluntad de Dios no es llevar bebés al cielo, sino hijos o hermanos maduros, y saben que el tiempo es corto. Son cargadores de vidas y soldados dispuestos a dar la vida por aquel soldado Ryan.

Pregunta final, ¿Dios ya puede confiar en ti al punto de ponerte a cargo de tus hermanos más pequeños? ¿Has pensado en los años que tienes en la fe? Vamos, el Señor te quiere como hijo pero hijo maduro y hermano mayor. Cuando eso ocurra, estarás listo para alcanzar una mayor gloria que redunda en una mayor confianza divina de la mano con mayores responsabilidades en la casa del Señor. Y eso también es una honra mayor.

Bendiciones totales,

ElZetta OK